Jean Paul Gaultier fundó su casa de moda en París en 1976 y pronto fue apodado el «enfant terrible» de la costura francesa por sus corsés, sus marineras y su gusto por desdibujar los géneros. Llegó a la perfumería en 1993 con un primer femenino, obra de Jacques Cavallier, que después se conocería como Classique, y en 1995 presentó Le Male, su primer masculino, compuesto por un joven Francis Kurkdjian. Ambos fijaron el código de la casa: frascos en forma de torso, latas metálicas como estuche y fórmulas dulces, sensuales y de gran presencia. Desde entonces sus perfumes conservan ese tono teatral e irreverente.
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