El plástico golpea primero, no te voy a mentir... no es bienvenido. Pero es parte del lenguaje de esta pieza, y si te quedas, empieza la revelación.
La cera llega después, y con ella algo que desafortunadamente reconocí de inmediato: el interior de una catedral vacía, no la que visitas en Navidad, la que visitas un martes sin razón aparente, más por inercia que por fe... Fría, olvidada, con ese polvo de siglos que los incensarios nunca terminan de cubrir, solo transforman.
Después del tiempo necesario, llega el whisky, pero no el de celebración, el de escritorio... El tipo de whisky que acompaña un frasco de tinta vieja que ya nadie abre, pero que sigue ahí como un cruel testigo de un trato injusto.
Anarchist A— no huele a anarquía, huele a lo que queda cuando la anarquía ya perdió y el sistema lleva tanto tiempo ganando que hasta sus vicios huelen a sagrado.