Hay perfumes que admiras... Este te delata de una manera oscura.
Ozono como primer golpe, no lluvia pasajera, no la ciudad, tensión pura, el instante antes de que notes la tragedia.
Luego llega la sangre, la vitae, el liquido carmesí que compartimos todos en este mundo... Y mi boca respondió antes que mi mente, comencé a salivar, no lo planee... Simplemente ocurrió, y ya no pude fingir que esto era solo una reseña.
El yodo llegó después como diagnóstico: in crescendo, metálico, inevitable. No suaviza nada, confirma que estamos en un lugar oscuro, olvidado.
El cierre es atalcado, un polvo antiguo utilizado para cubrir el aroma de un lugar fúnebre, como si alguien cubriera el cuerpo con cuidado y reverencia... Pero el hierro de la sangre permanece debajo, respirando, recordando.
No desaparece, solo aprende a convivir con lo que lo cubre.
¿Utilizable? Depende de qué tan honesto quieras ser contigo mismo.